jueves, 22 de septiembre de 2022

Señor Grillo

 


Señor Grillo

 

La casa se encontraba en calma. Los señores habrían salido. El silencio gobernaba. El perro estaba sentado en la entrada, esperando que sus señores regresen. Era su labor cuidar y proteger. En ese momento, se rompe el silencio. El cantar de un grillo se escuchó. El perro se dirigió a dónde provenía aquel ruidillo. El grillo al verlo enmudeció.

-Señor perro, disculpe las molestias- dijo el grillo - Pero es cosa de nosotros tener que hacer eso. Es nuestra labor natural. Cantar con violín en mano.

-El ruido no me molesta a mí. Pero sí a mis amos. Tienes suerte que en este momento no estén en casa. 

El perro dio media vuelta y encamino de regreso a su lugar. El grillo al verlo continuo su canto. Más tarde, por la noche. Los amos llegaron. Todo estaba a oscuras.

-Quítate perro pulgoso- exclamo el señor, amo de la casa y de una patada ahuyento al buen can - no entiendo aun porque tenemos perro si de nada nos sirve. Es más, ni le alimentare esta noche.

El señor cerro de un portazo la puerta de la casa. Dejando al perro con una mirada triste.

De nuevo no me alimentaran. Que tristeza la mía. Trabajando duro para no ser valorado. Los pensamientos del perro fueron cortados por el cantar del grillo. El perro se dirigió nuevamente a él.

- ¡Cállate! - Exclamo el perro.

-Pero a ti no te molesta mi canto.

-Pero a mis amos sí.

- ¿Por qué te importa tanto lo que a ellos les moleste? Disfruta mi canto.

El grillo comenzó a tocar el violín nuevamente. La ira apareció en los ojos del can. Con una de sus patas tomo al grillo. Con la otra le quito el instrumento de las manos.

-¡Que te calles he dicho!

La tristeza acogió al grillo. El can no le dejaba cantar. Pero no porque a él no le agradara, sino porque a sus amos no les gustaba.

-¿Por qué haces esto?- pregunto el grillo.

-Para eso nací. Para eso estoy aquí.

El grillo callo por un momento y luego exclamo:

-Pero tus amos no te quieren. No aprecian tu arduo trabajo. Tampoco les importas tú, mira, esta noche ya me has callado y a ellos ni les importo. Tampoco te dieron comida. Para ellos tu trabajo no es nada.

El perro al escuchar lo que decía el grillo se entristeció. Pero con un rostro impasible y con mirada fría, aplasto al grillo contra el suelo. El grillo ya no decía nada. El silencio se hizo de nuevo.

A la mañana siguiente. El perro seguía durmiendo en la entrada de la casa. El amo abrió la puerta. Y tomo al perro por los hombros. El perro se retorcía del dolor mientras el señor le cargaba hasta el granero. Ahí le amarro la cabeza a un palo.

-Tú me has servido de poco- dijo el señor, mientras regresaba del granero con una enorme y vieja hacha.

El perro gritaba. Rogaba que no le matara. Rogaba el perdón y pedía una oportunidad más.

-Señor amo. Esto es mi vida. No me la arranque así. Yo solo le sirvo a usted.

-Tú ya no sirves de nada.

El perro fue decapitado esa tarde. Enterrado aun lado del granero. El grillo, quien de pura suerte no había muerto y solo se le habían quebrado dos patas, miraba con dicha lo que el señor le había hecho al perro. Tomo su violín y lo empezó a tocar. Emitiendo unas notas tan dulces y suaves, que para el amo eso era ruido.

-Demonios- exclamo el amo- como odio el cantar de los grillos.

El señor grillo continuo tocando hasta que se puso el sol.

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