Señor Grillo
La
casa se encontraba en calma. Los señores habrían salido. El silencio gobernaba. El
perro estaba sentado en la entrada, esperando que sus señores regresen. Era
su labor cuidar y proteger. En ese momento, se rompe el silencio. El cantar de
un grillo se escuchó. El perro se dirigió a dónde provenía aquel ruidillo. El grillo al verlo enmudeció.
-Señor
perro, disculpe las molestias- dijo el grillo - Pero es cosa de nosotros tener
que hacer eso. Es nuestra labor natural. Cantar con violín en mano.
-El
ruido no me molesta a mí. Pero sí a mis amos. Tienes suerte que en este momento
no estén en casa.
El perro dio media vuelta y
encamino de regreso a su lugar. El grillo al verlo continuo su canto. Más
tarde, por la noche. Los amos llegaron. Todo estaba a oscuras.
-Quítate
perro pulgoso- exclamo el señor, amo de la casa y de una patada ahuyento al
buen can - no entiendo aun porque tenemos perro si de nada nos sirve. Es más,
ni le alimentare esta noche.
El señor cerro de un portazo
la puerta de la casa. Dejando al perro con una mirada triste.
De
nuevo no me alimentaran. Que tristeza la mía. Trabajando duro para no ser valorado.
Los pensamientos del perro fueron cortados por el cantar del grillo. El perro
se dirigió nuevamente a él.
- ¡Cállate! - Exclamo el
perro.
-Pero a ti no te molesta mi
canto.
-Pero a mis amos sí.
- ¿Por qué te importa tanto lo
que a ellos les moleste? Disfruta mi canto.
El grillo comenzó a tocar el violín
nuevamente. La ira apareció en los ojos del can. Con una de sus patas tomo al
grillo. Con la otra le quito el instrumento de las manos.
-¡Que te calles he dicho!
La tristeza acogió al grillo.
El can no le dejaba cantar. Pero no porque a él no le agradara, sino porque a
sus amos no les gustaba.
-¿Por qué haces esto?-
pregunto el grillo.
-Para eso nací. Para eso estoy
aquí.
El grillo callo por un momento
y luego exclamo:
-Pero tus amos no te quieren.
No aprecian tu arduo trabajo. Tampoco les importas tú, mira, esta noche ya me has
callado y a ellos ni les importo. Tampoco te dieron comida. Para ellos tu
trabajo no es nada.
El perro al escuchar lo que
decía el grillo se entristeció. Pero con un rostro impasible y con mirada fría,
aplasto al grillo contra el suelo. El grillo ya no decía nada. El silencio se
hizo de nuevo.
A la
mañana siguiente. El perro seguía durmiendo en la entrada de la casa. El amo
abrió la puerta. Y tomo al perro por los hombros. El perro se retorcía del
dolor mientras el señor le cargaba hasta el granero. Ahí le amarro la cabeza a
un palo.
-Tú me has servido de poco-
dijo el señor, mientras regresaba del granero con una enorme y vieja hacha.
El perro gritaba. Rogaba que
no le matara. Rogaba el perdón y pedía una oportunidad más.
-Señor amo. Esto es mi vida.
No me la arranque así. Yo solo le sirvo a usted.
-Tú ya no sirves de nada.
El perro fue decapitado esa
tarde. Enterrado aun lado del granero. El grillo, quien de pura suerte no había
muerto y solo se le habían quebrado dos patas, miraba con dicha lo que el señor
le había hecho al perro. Tomo su violín y lo empezó a tocar. Emitiendo unas
notas tan dulces y suaves, que para el amo eso era ruido.
-Demonios- exclamo el amo-
como odio el cantar de los grillos.
El señor grillo continuo
tocando hasta que se puso el sol.

No hay comentarios:
Publicar un comentario